I
Al rancho le crecieron alas,
fue de repente, y sin avisar...
un sordo silbido ululante...
segundos después, ¡un loco tronar!...
Yo vi en el cielo, explotar de luces,
eran tan diurnas... ¡que me hice cruces!!!
¡Esa plena noche, se hizo de día!
Miré los gurises, dormían tranquilos,
en sus catres pobres, de mantas raídas,
sus caritas suaves de "rosas tempranas"
ignoraron miedos, y hasta sonreían...
Y vi en el rostro de su madre buena,
un temor extraño, ¡Un mirar con pena!!!
La vi arrodillarse, en sus catres pobres,
Cuando de repente, ¡ya no la vi más!!
II
Agarré el facón, ¡iluso de mí! ...
Acaso pensé... ¡si Dios está aquí,
a tanto desbarranco, podemos pelear!!!
¿Qué loca razón, monta y jinetea,
en peligrosa situación, la desesperación?
Y fue la montaña, que llena de piedras,
mi rancho, mi aldea, mi cielo azulado,
de un solo zarpazo, como un tigre hambreado,
escondió sus presas, en tristeza y barro.
III
Sin tiempo su madre, se fue sin saberlo,
mis lindos gurises, Dios se llevó al cielo...
¡nunca la montaña quiso devolverlos!!!
Llenitos de barro, envueltos en silencio,
Dios se los quitó, al mismo diablo eterno.
IV
Más, el siempre se burla, en satánico juego,
porqué usando la luna, que ilumina su ego,
cada noche me muestra,
¡pedazo de sucio enfermo!
a mis niñitos jugando,
en lo más alto del cerro.
Son sus llantos, sus lamentos,
¡Es su madre que los busca!!!...
más cuándo corro, cuál loco,
y ya alcanzo a socorrerlos...
es el trino de los pájaros,
el que sacude mi sueño...
y entre trinos y pesares,
me despiertan a la vida...
con un..."levántate Pedro"...
V
A su madre santa y buena,
la velamos en el pueblo...
toda vestida de blanco,
con negro velo de miedo...
Mis cumpas y yo, llevamos
largo, ¡infructuoso tiempo!
cavando los cerros...
yo llevo rotos mis brazos,
mis manos, mis uñas...
escarbando absurdos
pedazos de llanto,
buscando los niños
que amo con locura...
Y entre tanta lagrima
que riega mis cerros...
van creciendo flores,
de azules y blancos...
¡extraño mensaje!!!
Dicen los del pueblo...
Nancy Johanson.
Al rancho le crecieron alas,
fue de repente, y sin avisar...
un sordo silbido ululante...
segundos después, ¡un loco tronar!...
Yo vi en el cielo, explotar de luces,
eran tan diurnas... ¡que me hice cruces!!!
¡Esa plena noche, se hizo de día!
Miré los gurises, dormían tranquilos,
en sus catres pobres, de mantas raídas,
sus caritas suaves de "rosas tempranas"
ignoraron miedos, y hasta sonreían...
Y vi en el rostro de su madre buena,
un temor extraño, ¡Un mirar con pena!!!
La vi arrodillarse, en sus catres pobres,
Cuando de repente, ¡ya no la vi más!!
II
Agarré el facón, ¡iluso de mí! ...
Acaso pensé... ¡si Dios está aquí,
a tanto desbarranco, podemos pelear!!!
¿Qué loca razón, monta y jinetea,
en peligrosa situación, la desesperación?
Y fue la montaña, que llena de piedras,
mi rancho, mi aldea, mi cielo azulado,
de un solo zarpazo, como un tigre hambreado,
escondió sus presas, en tristeza y barro.
III
Sin tiempo su madre, se fue sin saberlo,
mis lindos gurises, Dios se llevó al cielo...
¡nunca la montaña quiso devolverlos!!!
Llenitos de barro, envueltos en silencio,
Dios se los quitó, al mismo diablo eterno.
IV
Más, el siempre se burla, en satánico juego,
porqué usando la luna, que ilumina su ego,
cada noche me muestra,
¡pedazo de sucio enfermo!
a mis niñitos jugando,
en lo más alto del cerro.
Son sus llantos, sus lamentos,
¡Es su madre que los busca!!!...
más cuándo corro, cuál loco,
y ya alcanzo a socorrerlos...
es el trino de los pájaros,
el que sacude mi sueño...
y entre trinos y pesares,
me despiertan a la vida...
con un..."levántate Pedro"...
V
A su madre santa y buena,
la velamos en el pueblo...
toda vestida de blanco,
con negro velo de miedo...
Mis cumpas y yo, llevamos
largo, ¡infructuoso tiempo!
cavando los cerros...
yo llevo rotos mis brazos,
mis manos, mis uñas...
escarbando absurdos
pedazos de llanto,
buscando los niños
que amo con locura...
Y entre tanta lagrima
que riega mis cerros...
van creciendo flores,
de azules y blancos...
¡extraño mensaje!!!
Dicen los del pueblo...
Nancy Johanson.
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