Hay en mi interior un lobo,
con el corazón de oro,
¡Tan gastados sus colmillos,
que recurre a los postizos!!
Tengo además un loro,
que a veces finge que duerme,
vive su desolada memoria,
en un triste cuerpo verde.
Es mi espíritu un paisaje...
sin barcos y sin umbrales,
¡Sin catedrales augustas!!
Sólo un lobo avejentado,
y un ave de plumas mustias.
Hay un páramo oxidado,
en mi corazón cansado,
dónde un loro sin modales,
traduce los silencios sabios,
de un lobo decepcionado.
¡Fatigados viejos guerreros!!
Dormitan, no esperan nada.
Uno ha perdido las zarpas,
el otro perdió su vuelo...
Todo en mí, es brasa apagada.
¡Yermo espíritu desértico!!!
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
28/04/2011.-
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