La luz, sucia, mezquina, de una bombilla
en la vieja esquina de Cangallo,
bañaba de enfermo amarillo...
su cuerpo, callejero, ¡de orilla!
Genial dibujo surrealista, contorneaba
sus piernas, de diosa amancebada,
tan largas, tan largas... que asomaban,
de un secreto lujurioso de su vida.
El hombre macho que me habita, acusó,
¡tal desafió! y enfiló compadrito,
hacia el rojo kiosco del corpiño...
Desde mi mejor voz de hombre recio,
Seductor, le pregunté por su precio...
- Decime... ¿Cuánto cobrás? ¡Divina!!...
Ella esbozando una sonrisa,
misteriosa... ¡Giocondina!...
- Nada, contestó, ¡solo compañía!!
II
Demás está decir, ¡qué bien, no recuerdo!
¡Qué acomodé primero!
si el sombrero o la sonrisa...
¡ya mi cuerpo alcanzaba el cielo!!
Como un adolescente en celo,
loco por la prisa, acariciando su pelo,
la tome por la cintura, ¡al vuelo!
venturado, presto, a disfrutar la mina.
No conté los interminables escalones,
tampoco corrí, las verdes cortinas,
yo, "lobo hambriento “devoré sus pezones.
La luz azul del cuarto, entretanto, cautiva,
titilaba cálida, sugestiva...
¡Reía, ella, plena de encanto!.. ¡Reía!!!
III
Cuando a mi cuerpo ascendían las hormigas,
en sus ojos entornados, ¡leí cierta prisa!
Y como el mejor de los soldados...
¡Yo, le regale una maravilla!
Ella perdida, enloquecida de pasión,
me dobló hasta sus rodillas, cautiva,
¡Yo, no vi... ni sentí la puñalada!!!
Mas, ya la sangre me bañaba las costillas.
En tanto, su risa feroz, enloquecida,
Sarcástica me declaraba amor eterno,
Y mientras yo, perdía la vida...
Ella reía, reía... loca... ¡loca perdida!!!...
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
11/03/2012.-
en la vieja esquina de Cangallo,
bañaba de enfermo amarillo...
su cuerpo, callejero, ¡de orilla!
Genial dibujo surrealista, contorneaba
sus piernas, de diosa amancebada,
tan largas, tan largas... que asomaban,
de un secreto lujurioso de su vida.
El hombre macho que me habita, acusó,
¡tal desafió! y enfiló compadrito,
hacia el rojo kiosco del corpiño...
Desde mi mejor voz de hombre recio,
Seductor, le pregunté por su precio...
- Decime... ¿Cuánto cobrás? ¡Divina!!...
Ella esbozando una sonrisa,
misteriosa... ¡Giocondina!...
- Nada, contestó, ¡solo compañía!!
II
Demás está decir, ¡qué bien, no recuerdo!
¡Qué acomodé primero!
si el sombrero o la sonrisa...
¡ya mi cuerpo alcanzaba el cielo!!
Como un adolescente en celo,
loco por la prisa, acariciando su pelo,
la tome por la cintura, ¡al vuelo!
venturado, presto, a disfrutar la mina.
No conté los interminables escalones,
tampoco corrí, las verdes cortinas,
yo, "lobo hambriento “devoré sus pezones.
La luz azul del cuarto, entretanto, cautiva,
titilaba cálida, sugestiva...
¡Reía, ella, plena de encanto!.. ¡Reía!!!
III
Cuando a mi cuerpo ascendían las hormigas,
en sus ojos entornados, ¡leí cierta prisa!
Y como el mejor de los soldados...
¡Yo, le regale una maravilla!
Ella perdida, enloquecida de pasión,
me dobló hasta sus rodillas, cautiva,
¡Yo, no vi... ni sentí la puñalada!!!
Mas, ya la sangre me bañaba las costillas.
En tanto, su risa feroz, enloquecida,
Sarcástica me declaraba amor eterno,
Y mientras yo, perdía la vida...
Ella reía, reía... loca... ¡loca perdida!!!...
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
11/03/2012.-

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