lunes, 14 de mayo de 2012

El ranchito de Zulema





Es Zulema, viejecita,
"arrugada", pasa,
como un gusano que  frena,
sus ojitos...son celestes...
y sus mejillas, dos fresas...

En su carita morena,
sus ojos, son dos diademas...
que de alegría, te envuelven,
desde su mirada tierna,

Ella vive en un ranchito,
bajo un cielo, de solcitos,
y cuando la lluvia arrecia,
se resguarda en los aleros,
“esos de su ranchito”,
donde dos horneros,
se aman el día entero,
entre hermosas azucenas.

Por la mañana temprano,
cuando aún, reina el lucero,
ella enciende un fogón de leña,
lleno de brasas que estallan,
en una llama,  soberbia...
y calienta el matecito...
y así comienza su día...
sorbito a sorbo, junto a Jacinto...
que es un perro callejero
manso, tranquilo, tierno,
que la cuida del  ajeno...

En su ranchito, Zulema,
supo parir  siete hijos...
y fueron sol,  luz y gemas...
bellas frutas de su paraíso...
que ella cobijo en su nido.

Trabajo a la par del sol...
¡A la tierra, dió su belleza!
y allí crecieron sus niños,
llenos de amor y pobreza.
¡Jamás se le oyó una queja!!!
Cantaba,  mientras hervía,
la olla  con un puchero,
y todo, fue un gran milagro
¡verlos crecer cada día!...
buenos, fuertes y sanos,

Y...Se los dió a su Argentina...

La muerte un día,  llevó,
a su pequeño Matías,
se lo entregó a unas islas,
en una guerra, perdida,
que le robo la alegría...
mientras ella escondía,
su tristeza ya eterna..
Solo se permitió rezar,
entre tibias madreselvas.
Cuando los niños dormían...

Luego la vida maldita,
fue arrancando, lentamente,
cada uno de sus retoños,
y así transcurrían sus días,
secándose, cual rama herida,
como un árbol que de sed moría...
en un país sin retorno...

Nunca supo de holguras,
ni  banquetes en su mesa,
una vaca y tres gallinas,
fueron su mayor riqueza
y el bosque le dio la leña,
para calentar la pieza,
donde los niños dormían,
bajo una manta  gruesa.

Hoy sus mañanas son serias,
¡ya no canta!... ¡ya no reza!...
solo peina, su blanca cabellera
y sonríe con tristeza,
a su  fiel  Jacinto, que duerme,
soñando bajo la mesa.

¡Nada tiene!...  ¡nada debe!!!...
Sus hijos, buscando progreso
a tierras mejores, partieron...
Ella come cuando puede,
sus verduras, ¡no siempre crecen!
sus gallinas ya... están ¡tan  viejas!
que sin ganas picotean...
recordando bellas épocas,
donde sobraban gusanos,
y la tierra era esplendida,
tanto extranjero cercano,
tanta soja cada año,
la dejaron  yerma y seca...

Los pájaros se han callado,
ya no trinan en su patio,
como si supieran ,¡Respetan!
el dolor de la Zulema...
que lucho la vida entera,
por una patria traidora...
que le robo sus tesoros...
que hoy... ya enferma y vieja,
resiste sola,  las penas,  
en un país inhumano.
Dónde el dolor es moneda,
con que viven los hermanos,
viejos, pobres y olvidados...
envueltos en la miseria...


Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
12.05.2012.-

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