Como si lo llevase el diablo, cabalgaba enloquecido, el camino aculebrado, las estrellas reflejándose en los charcos barrosos de las orillas, los cerros a lo lejos invadidos de amenazante oscuridad, ¡Esa mezquina luna de cuarto creciente!... entorno que ayudaba "poco y nada", a esa pena suya, tan tribulada y sin apelación, pena que lo acompañaba a todas partes, ¡cada instante de su vida!
Con cada golpe de cascos del negro, que, como un hecho casual
coincidía con el galopar de su corazón, su herida se abría más y más, y
una sangre, de pánico imaginario, le brotaba en catarata, ¡desde ese
tajo, instalado en su alma! y como en la peor de sus borracheras, el mundo se
le ponía patas arriba; Instintivamente, apretó su pecho obsesionado por detener
esa hemorragia inexistente... ¡Sabía que por allí se le estaba escapando la
vida!!! Y no sentía miedo, solo una certeza abusiva.
Con la sospecha vestida de certidumbre, llegó por fin. En un
último esfuerzo alejó sus temores y luego de desensillar al Negro, enfiló a la
relativa seguridad de su rancho.
El rancho... le hubiera gustado pensar en su habitáculo, como en
una casa, pero, ¿cómo podría?... Si era tal, el abandono del lugar, que
¡hasta el nombre de "tapera" le quedaba grande!!!
Sumergido en esos tristes pensamientos, avanzó hacia la puerta.
II
Respiró algo más tranquilo, la noche quedaría afuera, con su cielo
bañado de lágrimas silenciosas, eternamente envuelto en una soledad como la
suya, y se arrastró, puerta adentro con ruido de espuelas en sus botas.
Cómo cada noche, saludó a su cara frente a un viejo espejo... Más
el muy empecinado, ¡ni siquiera contestó!
Un rasguñar de hormigas, en la boca de su estómago le avisó...
¡que algo fulero sucedía!... ¡Un gallo trasnochado vocalizó, una tardía
bienvenida!!!...
Repitió, el ritual de cada noche, con una sonrisa
sarcástica... sonrisa escapada del humo del cigarro, y una lagrima a cada
orilla... _ ¡Hola Soledad... mujer de mi vida!!!...
III
Casi muere del susto, cuándo una mujer de extraños ojos negros, le
saludó, alcanzándole ese mate calentito... ¡con esa voz, que sólo él
conocía! Se reconoció en sus ojos. ¡Ojos, que sólo él imaginó
alguna vez!!!...¡Era ella sin lugar a dudas!!! La mujer de su vida.
No se sintió menos hombre por tener que aferrarse al apero, ni
tampoco cuando ella preguntó... ¿Hace falta que te diga quién soy??
¡Los dos sabemos!... contestó ya sin miedo.
Luego de largos silencios, dónde su felicidad no hacía
preguntas... ella lo interrumpió...
_ Juan... ¿me permites tejer, mientras satisfecho duermes un
rato?....
_ No, contestó... ¡Si a la hora de acostarnos, dejas el
tejido de lado!!!
Enigmática y hermosa, ella contestó...
_ ¡Por supuesto amor... claro!!!
Y las horas, fueron pasando, entre mates, ginebra y abrazos... Él,
como un niño que al seno materno retorna... se ha quedado dormido en los brazos
de Soledad.
Dicen, los que al rancho llegaron, enterados de su muerte, que lo
llamativo fue su cara de absoluta felicidad.
Otro punto a discutir según el comisario del lugar, era "esa
especie de envoltorio", hecho de fina seda, que cubría todo su cuerpo.
¡Algo fuera de lo normal, discutían entre ellos!!!... Cuándo el
Cabo sorprendido, comenzó a gritar entre sorprendido y espantado: ¡Comisario,
Comisario!!! Hay una araña en sus labios... ¡Pero, juro por Mandinga! Estaré
loco señor... ¡Pero nunca he visto a una araña llorar! y ésta... ¡está llorando
Señor... está llorando!!!
Nancy Johanson.
26 11.11.-

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