Cuándo la policía llegó... sólo encontró, dos niños muertos y tres niños aterrados, en un rincón del aula, una maestra inmersa, en un feroz ataque de histeria, y como frutilla del postre de esta tragedia...un tranquilo y sonriente asesino, de sólo once años... cómodamente sentado, ¡jugando con un arma!... en el borde del escritorio de un aula, que aún olía a pólvora. Increíble y terrorífica escena brotada de alguna película surrealista.
Luego de los despliegues y trámites acostumbrados, el salón de clases volvió al silencio acostumbrado,
y la maestra fue llevada con rumbo a un hospital... los niños a su domicilio y los cadáveres infantiles a la morgue municipal.
El comisario rascaba su cabeza incapaz de comprender... Un niño de once años, con carita de ángel, y una mirada transparente y cálida. ¡Inexplicable!! ...su rostro tierno, dulce, no delataba ningún sentimiento negativo, no había maldad en su actitud, solo serenidad. El niño, aún sonreía cuando llegó su madre, el jefe los vio abrazarse y entendió mucho menos, porque la mujer no delataba en su actitud... ninguna intranquilidad. Ninguno de los allí presentes pudieron saber lo que entre ellos se dijeron, porque nunca emitieron una palabra, pero evidentemente se comunicaron. Y la sonrisa cómplice de la madre, les demostró sin duda ninguna, que ella había entendido y justificado el silencioso mensaje de su hijo.
Vieron alejarse sonriendo a la extraña mujer.
Ella jamás diría a nadie, que su hijo le había dado valiosas razones, para acto tan extremo... su niño querido, le había evitado al mundo un feroz genocidio, en dos décadas, esos niños serían genocidas, y ella sabía, que su niño jamás se equivocaba. ¡¡Nunca!!!...
Nancy Johanson.-
30.11.11.
Luego de los despliegues y trámites acostumbrados, el salón de clases volvió al silencio acostumbrado,
y la maestra fue llevada con rumbo a un hospital... los niños a su domicilio y los cadáveres infantiles a la morgue municipal.
El comisario rascaba su cabeza incapaz de comprender... Un niño de once años, con carita de ángel, y una mirada transparente y cálida. ¡Inexplicable!! ...su rostro tierno, dulce, no delataba ningún sentimiento negativo, no había maldad en su actitud, solo serenidad. El niño, aún sonreía cuando llegó su madre, el jefe los vio abrazarse y entendió mucho menos, porque la mujer no delataba en su actitud... ninguna intranquilidad. Ninguno de los allí presentes pudieron saber lo que entre ellos se dijeron, porque nunca emitieron una palabra, pero evidentemente se comunicaron. Y la sonrisa cómplice de la madre, les demostró sin duda ninguna, que ella había entendido y justificado el silencioso mensaje de su hijo.
Vieron alejarse sonriendo a la extraña mujer.
Ella jamás diría a nadie, que su hijo le había dado valiosas razones, para acto tan extremo... su niño querido, le había evitado al mundo un feroz genocidio, en dos décadas, esos niños serían genocidas, y ella sabía, que su niño jamás se equivocaba. ¡¡Nunca!!!...
Nancy Johanson.-
30.11.11.

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