las he dejado instalarse allí...
porque ya estaban hartas
de colgar de mis pestañas.
Dudé... si llorar sobre las brasas,
esperando...que el calor de los leños,
generosas las secaran...
Pero luego acepté, que son,
parte viva de mi verdad.
Afuera el viento arrecia,
y se lleva las voces del coro,
de una extraña iglesia,
en un sonido que viaja,
desparramando tristezas.
En un momento pensé...
quien pudiese ir con ellas...
mas las voces se alejaron,
y de vista las perdí,
me quedé dolida y tiesa...
en mi ventana de escarcha,
donde mis lágrimas dibujan
diamantes, de agua congelada.
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
08/04/2012.-

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