Damos a manos llenas,
amor, alegría... belleza,
algún extraño maestro,
nos enseñó, que el amor
“entregado”, siempre regresa.
Cuanta mentira siniestra
nos trae, mentirosa la vida,
encerrada en oscura filosofía...
nos llena de locas fantasías.
Y vamos por la felicidad y
en nuestra absurda historia...
donamos generosas...
nuestras horas, más hermosas
a ser madres... ser esposas...
Y nos convertimos...
en confesores, en salvavidas,
en madres cautivas...
del amor más profundo,
por el que... ¡damos la vida!...
Y el tren del tiempo,
no para en estaciones sombrías,
mientras la juventud,
con nosotros transita,
Mas inesperadamente, “un día”,
hay surcos profundos,
en el hueco de las sonrisas,
y ya no ríe nuestra risa...
solo asoma una mueca...
que disimula perpleja
nuestra honda tristeza...
y como quien vacila,
el equilibrio nos traiciona,
y el piso se convierte...
en el pozo profundo,
del olvido más rotundo...
y nuestra voz ya no suena,
solo desprende una mueca,
que muda no sabe ¡pedir amor!!...
y se nos desdibujan las horas,
y mirando solo la noche...
ya no esperamos la aurora...
Y como un rayo feroz,
la verdad nos acribilla,
La vejez es la mochila,
mas perversa...donde...
el cuerpo ha desertado,
mas la mente está alerta,
y como un vidente exacto...
sabe lo que le espera...
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
14/04/2012.-
amor, alegría... belleza,
algún extraño maestro,
nos enseñó, que el amor
“entregado”, siempre regresa.
Cuanta mentira siniestra
nos trae, mentirosa la vida,
encerrada en oscura filosofía...
nos llena de locas fantasías.
Y vamos por la felicidad y
en nuestra absurda historia...
donamos generosas...
nuestras horas, más hermosas
a ser madres... ser esposas...
Y nos convertimos...
en confesores, en salvavidas,
en madres cautivas...
del amor más profundo,
por el que... ¡damos la vida!...
Y el tren del tiempo,
no para en estaciones sombrías,
mientras la juventud,
con nosotros transita,
Mas inesperadamente, “un día”,
hay surcos profundos,
en el hueco de las sonrisas,
y ya no ríe nuestra risa...
solo asoma una mueca...
que disimula perpleja
nuestra honda tristeza...
y como quien vacila,
el equilibrio nos traiciona,
y el piso se convierte...
en el pozo profundo,
del olvido más rotundo...
y nuestra voz ya no suena,
solo desprende una mueca,
que muda no sabe ¡pedir amor!!...
y se nos desdibujan las horas,
y mirando solo la noche...
ya no esperamos la aurora...
Y como un rayo feroz,
la verdad nos acribilla,
La vejez es la mochila,
mas perversa...donde...
el cuerpo ha desertado,
mas la mente está alerta,
y como un vidente exacto...
sabe lo que le espera...
Ester Elena Johanson.-
Nancy.-
14/04/2012.-

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